
CAMILO EGAS SILVA
PINTOR.- Nació en Quito el 1 de Diciembre de l.889 y recibió los nombres de Camilo Alejandro. Sus padres tenían una casa en el barrio de San Blas, recibió las primeras letras en la Escuela de los Hermanos Cristianos del Cebollar, la secundaria en el San Gabriel y en 1.901 fue matriculado en el recién fundado Instituto Mejía.
Desde niño había descollado como buen dibujante, tenía la costumbre de llenar de dibujos sus libros y cuadernos y hasta los periódicos que su adusto padre leía en casa, de manera que a nadie sorprendió su decisión, tomada en 1.905, de ingresar a la Escuela de Bellas Artes, reabierta bajo los nuevos lineamientos del triunfante liberalismo, que permitía una mayor libertad y creatividad y fue alumno de Paul Bar y de Luigi Casadío.
En l.909 obtuvo la Medalla de Oro en el Concurso Nacional del Centenario de la Independencia y poco después la Medalla de Oro en el Concurso Universitario del Cartel.
En l.911 el gobierno nacional le otorgó una beca de estudios para la Real Academia de Roma conjuntamente con Nicolás Delgado y Abraham Moscoso y adquirió de los maestros de ese país una marcada influencia modernista, idealizando al indio a través de cánones de proporciones anatómicas clacisista con un perfecto dominio de la línea. Mas no todo es aprendizaje artístico, entró en contacto con lo europeo y sobre todo con lo japonés que estaba tan de moda y se resolvía por los grandes planos de color, sencillez en el trazo y resolución en la imagen. Ese año logró un Premio en el Salón Amatori e Cultori delle Belle Arti realizado en el Palazzo Nacionale de Roma.
En dicha ciudad contrajo matrimonio con Victoria Fornari, con quien tuvo a su primer hijo llamado Raúl y antes de l.914 regresó con su familia al Ecuador, concursó por una de las cátedras en la Escuela de Bellas Artes, que obtuvo en propiedad. En l.918 obtuvo al Primer Premio de Pintura en el Salón Mariano Aguilera con tres telas “Sanjuanito”, “Los sahumeriantes” y “Las Floristas”, Se pintaba al indio como sujeto aparte, como documentalismo costumbrista, muy a lo siglo XIX, pues a nadie se le había ocurrido incorporarlo en la sociedad. Camilo Egas fue el primer artista en vincular al indio en el medio circundante.
En 1.920 viajó a España con una beca de estudios para la Real Academia de San Fernando, expuso en el Palacio de Cristal del parque del Buen Retiro reafirmando su nacionalismo en una pintura formal pero más libre; sin embargo, es fuertemente influenciado por pintores consagrados como Zuloaga y Zurbaran que pintaban con rasgos fuertes y colores puros. Ese año vivió una temporada en Paris, estudió en la Academia Callaroise, puso taller en La Place de la Republique y casó con Margarita Gibons.
En 1.922, de regreso en Quito, idealiza al indio esforzandose por restaurar su dignidad perdida, para ello estiliza los cuerpos a veces hasta la exageración de lo hierático, paisaje y atmósfera son predispuestos para esto y el resultado son obras en las que predomina el ímpetu formal o romanticismo formalista. Entonces fue contratado por Jacinto Jijón y Caamaño para pintar catorce escenas en la biblioteca de la quinta La Circasiana. Lo hace hasta el 25 muy influenciado por la Escuela francesa que utilizaba las proporciones de la morfología europea tan distinta a la andina, como rezago del art nouveau. A esta primera etapa corresponde obras muy hermosas como “Procesión”, “Fiesta indígena”, “Indígenas con vasijas”, “Camino al mercado”, “Ritual” que quizá es la última de este período y data del 22.
En l.923 obtiene por segunda ocasión el Primer Premio en Pintura en el Salón Mariano Aguilera con un “Retrato de Mujer” de altísima calidad según el crítico Jorge Diez. Regresó a Europa, vivió en Paris una bohemia artística libre de vicios, el 25 expuso en el Salon D´Autome (Otoño ) en el Salon des Independants, Musee Galliere y Galería Carmine, tras un divorcio contrajo nupcias con Susana Rivera y el gobierno ecuatoriano le designó Comisionado a cargo de la Muestra del Ecuador en la Exposición de Artes Decorativas de Paris.
En l.926 fue Profesor del Normal de Quito y Director de Arte del Teatro Nacional Sucre, fundó en Quito la revista “Hélice” con Raúl Andrade, Gonzalo Escudero, Jorge Reyes, Pablo Palacio, Guillermo Latorre, Pedro León, etc. El primer número contiene el Manifiesto, en él recalcan la necesidad de encontrar la espiritualidad del arte, dejando de lado la visión formalista del mundo. Ese año creó la Galería de Arte Moderno Egas frente a la Alameda, una de las primeras que tuvo la capital, que constituyó un fracaso económico porque los pintores eran considerados meros artesanos y no existía mercado artístico.
De esta época es su interés en un nuevo tratamiento de lo indigenista, desentendido de lo puramente formal para captar el misterio del alma andina a través de las expresiones de los rostros y las posturas de los cuerpos. El colorido de sus obras sigue siendo vibrante, existe un nexo con la realidad social y económica del país, retrata la pobreza, la ignorancia y el sometimiento. Una de las primeras obras de esta segunda etapa es “El Indio Mariano” donde lo ecuatoriano adquiere visos de realidad, pero no faltaron intonsos que le acusaron de comunista, adjetivo peligroso aún muchos años después; sin embargo, Egas no era un político, simplemente describía al indio utilizando para ello su arte, todo sin estridencias desafiantes. El indio dejó de ser un simple motivo de curiosidad para tornarse humano, realidad visible y lacerante dentro de una sociedad injusta.
A finales de 1.927 viajó a los Estados Unidos. Establecido en el Greenwich Village de New York pronto sintió los efectos de la gran depresión económica de Noviembre del 29. De esta etapa son cuadros descarnados con hombres proletarios aplastados por el derrumbamiento del capitalismo, usa la deformación para crear imágenes duras y amargas del hombre contemporáneo.
Dos años más tarde expuso en las Galerías Sport in Art, Eight Street Gallery, Newmans Galleries. Hablaba y escribía perfectamente bien en francés, inglés e italiano, hizo amistad con el muralista mexicano Orozco, quien le trasmitió sus ideas sociales, no así su arte, tan diferente a la formación europea de Camilo Egas. El 32 ejecutó el Mural “Festival” en la New School for Social Research que gustó mucho. El 33 pintó “Trabajadores sin hogar”, tela de grandes dimensiones, clásica por su descarnada realidad exenta de toda esperanza.
El 35 fue designado Director de dicha Escuela permaneciendo en funciones hasta su fallecimiento. Su vinculación con esta escuela para investigaciones sociales le permitirá profundizar en el desarraigo social imperante, contrastando con la antigua opulencia de los grandes edificios y avenidas, tiendas y comercios. De 1.937 es su obra más famosa “Calle Catorce” que constituye una visión desolada del mundo urbano. Aquí su arte adquiere una expresividad basada en el contenido y el lenguaje más que en el color y las formas.
El 38 fue designado por el gobierno ecuatoriano Comisionado para la Feria Mundial de New York, decorando el pabellón nacional y su frontispicio con pinturas murales. La alcaldía de New York le declaró Ciudadano de Honor.
El 40 empezó a derivar hacia el surrealismo, tendencia que empezaba a predominar en New York bajo el patrocinio de las ideas del escritor francés André Breton, impuesta con la llegada de pintores europeos de fama como Tanguy, Tchelichev, Seligman y Dalí, escapados de la barbarie de las guerras. Entonces pintó “Dual”, tela que marca el abandono definitivo de los campos del expresionismo por el surrealismo, motivado por el patriotismo en una realidad soñada, onírica porque radica en la mente, a través de imágenes que escapan a la realidad. El mensaje está dado por una mujer de cabellos rojizos con un ojo abierto y el otro cerrado
El 42 contrajo matrimonio con Alice Nelson y fue padre de Eric Egas. Del 43 es “Infierno” obra de una visión definida. El 46 expuso su producción surrealista en la Nicholas M. Acquavella Galleries. Del 49 es “Desolación” visión dantesca de un campo yermo. El 52 contrajo quintas nupcias, esta vez con Claire Plowden. Vivía enamorado del amor sentimental y en lo artístico explorando, hasta recaer en un abstraccionismo fundamentado en la expresividad. Finalmente terminaría por volver a tratar sus propias raíces con otra visión muy diversa del sentimiento ancestral. El 55 expuso en la ACA Gallery de New Cork.
El 56 regresó al Ecuador tras un auto exilio de veinte años y exhibió en el Museo de Arte Colonial de Quito. Fue un reencuentro triunfal con un público que había olvidado sus prejuicios iniciales y le aceptaba con su categoría de maestro internacional. Lleno de optimismo volvió a New York tras este reconfortante abrazo con la Patria. El viejo pintor escrutó sus raíces y creó cuadros de gran majestuosidad como “Las Viudas” e “Indios a la Luz de la Luna” resolviendo con lo mínimo lo máximo, sin olvidar los símbolos representativos. Sus figuras dejan las líneas y empiezan a disolverse en masas de expresiva sencillez, la superficie se llena de bultos que flotan para tornarse en sensaciones, en relieves o en ligeras insinuaciones de color, en síntesis todo vuelve a la nada tras un perturbador sondeo en el silencio de sus telas grises, en intuitivo rastreo de los límites de su propia vida. Así surgen “Gente en el campo”, “Remolino”, “Transición”, “Las Cuatro horas”, “Antes del oscurecer”, “Formación”, “Comprensión”, “Cielo”, “Horas tempranas”, “La Luz delante”, “El Ultimo día”.
Al año siguiente fue designado Agregado Cultural Viajero y expuso en el Museo de Bellas Artes de Caracas. El 62 expuso en la Art Gallery de New Cork bajo el auspicio de la American Academy of Arts and Letters. La New School for Social Research le confiere el título de Doctor Honoris Causa en Bellas Artes. Sus últimos meses fueron lentos pero tranquilos, falleció el 18 de Septiembre de 72 años de edad, aquejado de un cáncer paliado con tranquilizantes, en el entero y cabal conocimiento de la proximidad de su fin. Meses más tarde se realizó en Quito una Exposición Retrospectiva en su homenaje.
De mediana estatura, pulcro en el vestir y refinado en sus modales. Triste, tímido, huraño, de humor corrosivo y extranjero en los sitios donde erró su sombra pero también del tiempo que le tocó vivir, siempre en busca de la verdad en el arte y siempre tropezando con dolorosos hallazgos con esa verdad, pues ésta no radica en las apariencias, hay que buscarla en las raíces de la sociedad. En 1.981 el Banco Central adquirió sus obras y fundó el Museo que lleva su ilustre nombre dedicado para la exposición permanente de sus obras.
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